«Señor, enséñanos a orar, como Juan enseñó a sus discípulos» Él les dijo: «Cuando oréis decid: «Padre, santificado sea tu nombre…”» (DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO)

En la actitud de Jesús él discípulo descubrió que podría dar un paso más y que, por ello, necesitaba una iniciación. El deseo de rezar está en todos, pero la manera de rezar pide una ayuda. Pero Jesús no da un tratado sobre la oración, les enseña, nos enseña el Padre nuestro.

En esta oración, más  que  una  plegaria  es  toda  una  escuela. ¿Por qué?

  • En  la oración de Jesús el criterio del éxito no está en conseguir lo que se pide. No debemos buscar la satisfacción de nuestras peticiones, lo que no conseguimos por nuestro propio esfuerzo. Hacemos oración para lograr pequeños prodigios, olvidando que el prodigio mejor ya se ha dado, ser hijo.
  • Saberse hijo de quien nos escucha. Cuando rezamos puede que echemos en falta muchas cosas, pero lo que no nos falta es un padre en Dios. Cuando reza el discípulo de Jesús se convierte en hijo de Dios; y entonces, sólo entonces, puede pedirle a Dios lo que se quiera, lo que más se quiere, su reino, para que Dios sea reconocido en la tierra, y su Espíritu, para que uno se sepa hijo suyo en el corazón.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *