«Aquí estoy, envíame» (XIXX Domingo del Tiempo Ordinario)

Domingo de las misiones. Domingo del Domund. Se nos recuerda la esencia de la Iglesia: “Evangelizar”. Siendo conscientes que la misión, la “Iglesia en salida” no es un programa, una intención que se logra mediante un esfuerzo de voluntad. La misión comienza por la atracción: «si se sigue a Jesús feliz de sentirse atraído por él, los otros lo notarán». Y eso nos llevará a la gratitud y gratuidad, desde una humildad, de un mensaje que no es nuestro, sino que se nos ha regalado. Así nos lo presenta Jesús, ante aquella pregunta provocadora.

Nos enseña dónde debemos poner la vida: no en el “césar” sino en Dios. Porque la misión no es otra cosa que llevar el aire puro frente a tantas contaminaciones, que nos enferman con tristezas, rencores, miedos y odios. Porque nuestra pertenencia a Dios nos debe dar una libertad, frente a las ideologías que coartan; nos ayuda a caminar en la verdad frente a la manipulación; nos ayuda a vivir en la misericordia frente a los odios; nos enseña a tender puentes, romper barreras frente a los que quieren dividir y separar; nos enseña a ser fieles frente a lo superficial.

Cada uno de nosotros somos una misión en esta tierra y estamos en ella para bendecir, consolar, levantar, animar y transmitir a Cristo. Porque nuestra vida es una misión hermosa, no un carga que sufrir sino un regalo que ofrecer. Este debe ser nuestro modo de comprometernos cada día.

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