«Velad, porque no sabéis el día ni la hora.» (XXXII Domingo del Tiempo Ordinario)

La parábola de este domingo nos recuerda que debemos estar preparados al encuentro con él. El esposo tarda en llegar y todas se duermen, a media noche, se anuncia la llegada del esposo, entonces las necias se dan cuenta que no tienen más aceite para sus lámparas. En el momento crucial de su vida, se dieron cuenta de que sus lámparas estaban vacías, de que les faltaba lo esencial para encontrar el camino de la auténtica alegría.

Hay cosas que no se improvisan y mucho menos se compran. Todas las doncellas duermen antes que llegue el esposo, pero al despertar, algunas están preparadas y otras no, este es por lo tanto el significado de ser prudentes y sabias: no se trata de esperar al último momento de nuestra vida para colaborar con la gracia de Dios sino hacerlo ya desde ahora.

Hoy es tiempo de estar despiertos, tiempo en el que debemos tener encendidas las lámparas de la fe, de la esperanza y de la caridad; tiempo de tener abierto el corazón al bien, a la belleza y a la verdad; tiempo para vivir según Dios, con esperanza. Y para ello hemos de tener viva nuestra fe, con la oración, con los Sacramentos, estar vigilantes para no adormecernos, para no olvidarnos de Dios. Llenemos las lámparas de nuestra vida del aceite del amor de Dios, para que nunca dejemos de ser luz de Dios.

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