«No convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.» (III Domingo de Cuaresma, ciclo B)

En este tercer domingo de cuaresma, seguimos con nuestro tiempo de poda. Hoy se nos invita a podar el individualismo e injertar la fraternidad.

El Señor nos recuerda el daño que hace el individualismo. Un individualismo que hace que cada uno instale su tenderete. Y termina haciendo de su vida un “negocio”, contraprestaciones. Hoy Cristo nos muestra que el lugar sagrado de Dios (su templo), lugar de fraternidad, de vida, de gratuidad no se puede convertir en un tenderete nuestro o de otros. Y ese templo de Dios que somos también cada uno de nosotros nos recuerda que nuestras relaciones tienen que estar fundadas en la gratuidad. Una gratuidad sin distinciones, una gratuidad que nace de la fraternidad, que es el don que me lleva a ver al otro como hermano.

Tenemos que pedirle al Señor, que expulse de nuestra vida todos esos tenderetes que ponemos ante Dios y los demás.

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