«Los mandatos del Señor son rectos y alegran el corazón» XXVI Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

Jesús les envía a la misión y ocurre que cuando ven a otro que hace lo mismo pero no es de su grupo, se molestan y tratan de prohibirlo porque no es de ellos. Jesús, sin embargo, quiere lo contrario y les dice que le dejen seguir haciéndolo. Dios actúa en todos de modos que ni nos imaginamos y, por ello, cuando no sabemos reconocer en el otro lo bueno, en el fondo estamos pasando por alto la obra de Dios en el mundo. Por eso pidámosle al Señor tener ese corazón amplio y esa mirada amplia para saber descubrir el paso de Dios en todos los hermanos.

Y eso requiere coherencia, para ello es necesario la oración, porque la coherencia cristiana es un don de Dios. Es un don que debemos esforzarnos por pedir. “Señor, que yo sea coherente. Señor, que no escandalice nunca. Que sea una persona que piense como cristiano, que sienta como cristiano, que actúe como cristiano”. Una coherencia en lo pequeño y sabiendo cortar con lo que no es de Dios, aunque a veces duela. Solamente así descubriremos la alegría de la misión encomendada

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