“¿Quién es el más importante?”, XXV Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

Esta es el tema que discuten los apóstoles, pregunta que nace después que el Señor recordará que van camino de Jerusalén, les habla de la pasión y de su muerte. Y les entra miedo, y viene la tentación de huir de las cruces propias y de las cruces de los demás, de alejarnos del que sufre.

Ante lo que nos da miedo, entra un gran pecado: la envidia. Es un gusano que te empuja a destruir, a criticar, a aplastar al otro. Hiere a la Iglesia, hiere a Cristo. Cuando empezamos a rivalizar quien es más que el otro, se pierde la unidad. Se pierde la paz. Cuantas envidias nos han dividido en nuestras familias, en nuestros pueblos, sociedades, …

Y la superaremos cuando sepamos responder verdaderamente: ¿Quién es el más importante? Una pregunta que nos acompañará toda la vida e iremos respondiendo en las distintas etapas de nuestra vida, de nuestra sociedad. Jesús es simple en su respuesta: «Quien quiera ser el primero – o sea el más importante – que sea el último de todos y el servidor de todos». Quien quiera ser grande, que sirva a los demás, no que se sirva de los demás. Hemos sido puestos por Dios para amar y servir, no dejemos que la sutilidad de la envidia y la rivalidad se instale en nosotros.

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