«Invoqué, y vino a mí el espíritu de sabiduría» XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

Esta es la petición que nos encontramos en la primera lectura, el espíritu de la sabiduría. Es la gracia de poder ver cada cosa con los ojos de Dios. Es sencillamente esto: es ver el mundo, ver las situaciones, las ocasiones, los problemas, todo, con los ojos de Dios.

Y en el evangelio con el joven rico vemos que «sabía» los mandamientos, incluso como vivirlos. Pero le faltaba algo por eso se dirige a Dios, porque descubre que el dinero, las riquezas, el éxito no podía comprar esa paz, esa vida eterna. Y nos dice el evangelista que Jesús lo miró con cariño, y después le invitó a seguirle para encontrar el verdadero tesoro. Pero su corazón estaba demasiado atado a las riquezas. Y eso hace que frunza el ceño y se marche triste. Dios le muestra la verdadera sabiduría de una vida que se desapega de las riquezas, que rompe las ataduras de su corazón. Cuántas veces, en la vida nosotros vamos con una idea y Dios nos lleva por otros caminos, podemos irnos frunciendo el ceño o podemos pedir el espíritu de la sabiduría, para saber ver esa situación con los ojos de Dios.

Danos Señor, el don de la sabiduría, de esa sabiduría de Dios que nos enseña a mirar con los ojos de Dios, a sentir con el corazón de Dios, a hablar con las palabras de Dios. Que nos ayuda a descubrir que hay más dicha en dar que en recibir, que no tiene miedo a tener un corazón desprendido, que se abandona, que es generoso. Porque la vida verdadera, plena, feliz, la vida eterna está en seguirte a Ti con el corazón tan liberado que sólo hay lugar, momento y tiempo para amar.

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