«El amor de Dios no tiene fecha de caducidad» (XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario)

Hoy empieza el último discurso de Jesús, llamado Discurso Apocalíptico. Dice el Evangelio: «la gente se quedaba admirada de las piedras y los exvotos». Me pregunto: al final de aquel templo que ha quedado, nada. Fue destruido, y es que el Señor hoy nos recuerda cuál es el verdadero templo: Una vida llena de Él. Y es importante reflexionar donde ponemos nuestra vida, porque Dios no tiene fecha de caducidad

No dejemos que el miedo, la dificultad nos paralice, si no que nos conceda el don de la perseverancia, la constancia. Esta nace de la esperanza de haber descubierto que Dios está con nosotros, que nunca nos abandona. La victoria final del amor de Dios está garantizada, convencidos de ella hagámosla presente.

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