«Manso de corazón» XIV Domingo del Tiempo Ordinario (ciclo a, 2026)

Hoy el Señor nos invita a la mansedumbre, que no es falta de carácter, sino la capacidad de reaccionar a las adversidades desde Dios, con esperanza, con amor y con fe. Y, ¿cómo alcanzarla? El Señor nos muestra como tres pasos:

Humidad; un corazón humilde, pequeño, que no busca maquillarse, que reconoce su fragilidad, su debilidad. Asume su pobreza y desde ahí mira la realidad y mira a los demás, no desde la soberbia, sino desde la humildad.

El sencillo es aquel que descubre esa presencia de Dios en lo pequeños, que no necesita grandes cosas para reconocerle y para hacerlo presente. Sino que, igual que ve a Dios en lo pequeño, su vida cuida lo pequeño, lo cotidiano poniendo a Dios en esas pequeñas cosas.

Aprender a descansar el agobio en Dios. Quién no se ha sentido en algunos momentos superado por las situaciones, por las dificultades, o los retos que se nos presentan o las incertidumbres, que nos pueden provocar más agobio. Y si algo no enseña el Señor es a saber ponerlo en sus manos, a descubrir que no lo podemos controlar todo, a entregárselo en la oración y pedirle al Señor que nos ayude a llevarlo a cabo.

Si somos capaces de recorrer esos pasos nuestro corazón se liberará, porque viviremos bajo la acción del Espíritu Santo, que es quien nos hace aceptar lo que somos, dónde estamos para así caminar con mansedumbre a lo que Dios nos pide.

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