“El que cree en mí, tiene la vida eterna” XIX Domingo del Tiempo Ordinario (Ciclo B)

Seguimos avanzando en el discurso del pan de vida y en este domingo el Señor nos invita a pedir el don de la fe. Y para ello es necesario abrir el corazón. Porque si tenemos el corazón cerrado, la fe no entra. Somos nosotros quienes abrimos nuestro corazón o lo cerramos. Porque la fe, que es como una semilla en lo profundo del corazón, florece cuando nos dejamos “atraer” por el Padre hacia Jesús, y “vamos a Él” con ánimo abierto, con corazón abierto, sin prejuicios; entonces reconocemos en su rostro el rostro de Dios y en sus palabras la palabra de Dios. Y ahí nosotros recibimos el don, el regalo de la fe.

Atráenos hacia ti, Señor. Para sentarnos a tu mesa y alimentarnos de ti. Y llenar nuestra vida de tu paz, esperanza, amor, misericordia, en definitiva, de Dios. Y así poder desterrar la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda la maldad. Aprendiendo a descubrir que el amor es el único medio que nos ayuda a vencer el mal.

Pro eso, concédenos el don de abrir el corazón, para que dejándonos atraer por Ti, seamos capaces de desterrar lo malo para estar viviendo en el amor de Cristo.

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