Comenzamos unos domingos donde se nos va a presentar el reino de Dios mediante parábolas. Primera parábola la del sembrador, que nos recuerda los efectos que produce en nosotros la Palabra de Dios. Cada palabra del Evangelio es como una semilla que se arroja al terreno de nuestra vida. Y en este día centrado en tres actitudes:
Generosidad; Un sembrador, bastante original, sale a sembrar, pero no se preocupa de dónde cae la semilla. La arroja incluso donde es improbable que dé fruto. La forma en que este sembrador «derrochador» arroja la semilla es una imagen de la forma en que Dios nos ama. Él nos ama así: no espera a que seamos el mejor terreno, siempre nos da generosamente su palabra.
Y nos lleva a la segunda actitud para sembrar derrochadamente, generosamente: confianza. Sino hubiera esperanza y confianza nunca brotaría nada, porque habríamos dejado de sembrar hace tiempo.
La tercera actitud: la conversión. Nuestra vida es como esos terrenos, a veces, nos encontramos más superficiales y distraídos, a veces nos dejamos llevar por el entusiasmo, a veces estamos agobiados por las preocupaciones de la vida, pero también hay momentos en los que estamos disponibles y acogedores. Por eso, hoy le pedimos la gracia de la conversión para convertirnos en terreno mejor cada día. Y así descubrir esa generosidad y confianza y hacer lo mismo nosotros.