«Para mí la vida es Cristo» (XXV Domingo del Tiempo ordinario, ciclo a, 2026)

Que esta frase de San Pablo sea hoy nuestra petición, que nuestra vida sea Cristo. Y vivir con Él, en Él y para Él.  Y ¿por qué? Mirad al dueño de la vida, no para de salir a nuestro encuentro. Es el Dios que no se cansa de salir a buscarnos continuamente. Nos tendríamos que preguntar por nuestra disponibilidad, nuestra respuesta. Cuáles son las excusas que pongo a la invitación del Señor en mi vida. Cada uno pone las suyas, incluso justificadas, y pedirle al Señor el don de la disponibilidad, de la prontitud para su voluntad.

Y aunque pongamos excusas, Dios sigue saliendo. Quiere a toda costa dar valor a la vida de cada uno de nosotros. Los jornaleros que se habían quedado en la plaza del mercado probablemente habían perdido toda esperanza. Ese día había sido en vano. Pero alguien siguió creyendo en ellos. Nos puede pasar a nosotros también, esos momentos de bajón, cuando nos parece que podemos hacer poco en la vida, Dios siempre sale a nuestro encuentro porque nuestra vida vale la pena, porque Dios ama nuestra vida.  

Pidámosle al Señor el don de la disponibilidad a trabajar pronto en su viña. Con generosidad y sin comparaciones.

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