«Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo» (II domingo del Tiempo Ordinario)

Empieza el relato recordándonos que Jesús vino a Juan, el primer paso lo da el Señor, es Cristo quien sale a nuestro encuentro, viene a nuestra vida, a nuestras situaciones, a nuestras preocupaciones, alegrías y proyectos. La iniciativa parte de Dios, lo importante es reconocerlo. Y reconocerlo, como el Cordero de Dios, que viene a quitar el pecado del mundo, que viene a mi vida a liberarme para llenar mi vida de esperanza, de fe, de amor, de alegría yd e vida. Y cuando dejo que el Cordero de Dios entre en mi vida, empiezo a descubrir que mi misión es mostrarlo a los demás.

Poniendo un ejemplo, mi vida tiene que ser esa tesela del mosaico que muestra la misericordia de Dios (foto adjunta, el rostro aparece cuando cada actividad de la parroquia se une en una meta común). Una tesela por su cuenta no se disfruta, es bonita, pero cuando luce, es cuando se une a las demás teselas de misericordia y de amor, entonces, como Iglesia empezamos a mostrar ese rostro misericordioso de Dios. La esencia del mosaico no es otra que saber unir cada tesela, que son diferentes, con su idiosincrasia, pero que unidas muestran lo más grande, que si falta una en el mosaico, queda un hueco, sin cubrir.

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