Tres actitudes para saber situarnos en el banquete de la vida:
“Estaban espiando”, siempre al acecho, no podemos ir por la vida con esa actitud, mira lo que hace el otro, juzgando, opinando, condenando. Tenemos que pedirle al Señor su mirada, que nos sepamos sentar en esta mesa poniendo la mirada en Él.
Y eso nos lleva a la humildad. Los que se ensalzan a sí mismos sólo piensan en sus propios intereses y en que la gente se fije en ellos, hablen de ellos. No tenemos que ser siempre el protagonista, la gloria es a Dios. Él tiene que ser el centro. Más de Él y menos de mí.
La humildad nos lleva a la tercera actitud: la gratuidad, un camino que es casi siempre duro y difícil. Dar sin esperar mucho, perdonar sin apenas exigir, ser más pacientes con las personas poco agradables, ayudar pensando sólo en el bien del otro. Hoy es un día para aprender a situarnos en la vida con la mirada puesta en Dios, poniéndolo a Él en el centro, no a nosotros. Y así entregando la vida gratuitamente.