Hoy celebramos el día de la Iglesia Diocesana, es el día en que recordamos que somos templo vivo de Dios. La Iglesia no es un entramado de cosas y de intereses, donde sólo busco lo mío, sino que es el Templo del Espíritu Santo, el Templo en el que Dios actúa, el Templo en el que cada uno de nosotros, con el don del Bautismo, es piedra viva: ¡todos somos necesarios para construir este Templo! Nadie es secundario. Nadie es el más importante en la Iglesia; nadie es anónimo: todos formamos y construimos la Iglesia.
Esa Iglesia en la que todos somos familia, cuidado con el individualismo. Esto ocurre cuando ponemos por delante, yo soy de esta marca o de la otra. Participo, sólo en lo mío y lo de los otros ni me interesa o me resulta indiferente. No olvidemos que somos de Cristo y en la Iglesia.
Que el Señor nos conceda vivir como templo vivo de Dios, que es en medio del mundo la acequia del amor de Dios, donde todos pueden beber.