«ENVÍA TU ESPÍRITU, SEÑOR, Y REPUEBLA LA FAZ DE LA TIERRA» (SOLEMNIDAD DE PENTECOSTÉS)

Es el mismo Espíritu de Dios, el que movió a Jesucristo a dar la vida, ese mismo Espíritu es el que hoy Jesús da a sus discípulos, es el que nos da a cada uno de nosotros, ese Espíritu Santo es el que nos reúne, el que posibilita que la Palabra que proclamamos sea palabra de Dios, el que hace que en la celebración de la eucaristíase haga presente el Señor.

Es el Espíritu que hace que la luz del cirio Pascual permanezca encendida en nuestros corazones, para seguir dando luz a los demás. Es el Espíritu que llenó de alegría a los apóstoles, que les dio la valentía de anunciar a Cristo, ese Espíritu es el motor de su vida, debe ser el motor de la nuestra.

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