¿Acaso puede un ciego guiar a otro ciego? (VIII Domingo del Tiempo Ordinario)

Se nos llama en este domingo a no convertirnos en “doctores de la Ley” que juzgan a los demás, que emiten condenas. Sino a una mirada llena de la misericordia de Dios, que se desarrolla haciendo el corazón compasivo, madura y se alimenta con la paciencia y la ternura, tiende como a su objetivo natural al perdón, se extiende a toda la persona, no solo a lo que hace, sino a lo que es, que será cada vez más misericordioso.

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